29 mayo, 2026

La noche en que el miedo llegó con la tormenta a Atánquez

Todo transcurría normal en Atánquez, ese corregimiento indígena cerca de Valledupar, donde el frío de la Sierra Nevada a menudo acompaña las puertas de las casas y el movimiento pausado de su gente. Aún así, nadie pensaba que, tan pronto, una fuerte tormenta se aproximaría

Todo inició como una llovizna. Comerciantes comenzaron a recoger sus artículos, y las familias cerraron puertas y ventanas creyendo era una lluvia de momento. Pero el cielo se puso más oscuro de lo acostumbrado y el viento ganó fuerza.

Los golpes del agua sonaban fuerte en los techos de zinc, mientras en las calles se escuchaban los gritos de gente que buscaba proteger sus cosas antes que fuera tarde.

En minutos, las cosas se salieron del control. Muchas casas sufrieron por techos desprendidos y algunas edificaciones no resistieron. Los residentes corrían apresuradamente en busca de refugio, y otros se dedicaban a asistir a los vecinos damnificados por la coyuntura.

“Creímos que el viento se llevaría todo consigo”, comentó un vecino este corregimiento, el cual afirmó nunca haber presenciado una tormenta de tal alcance. Según varios testimonios, se reportó la caída de granizo, evento casi imposible en esta región del Cesar.

Las redes eléctricas también advirtieron interrupciones en distintas áreas, intensificando la inquietud entre las familias quienes presenciaban la violenta oscilación de los árboles bajo la potencia de los vendavales. A la penumbra y el aguacero, muchos eligieron congregarse en sus moradas hasta que la contingencia cesara.

Con la merma del temporal, las vías de Atánquez revelaban una imagen alterada. Chapas de metal diseminadas, ramaje derribado, techos arrancados y cúmulos de agua por doquier evidenciaban la envergadura del suceso.

Dirigentes vecinales y equipos de auxilio comenzaron desplazamientos para mensurar los estragos y socorrer a las familias perjudicadas. Aunque no hubo víctimas fatales si hubo momentos de espanto, tan difíciles de borrar de la memoria para aquellos que atravesaron esa noche llena de miedo e incertidumbre.

La tarea de reconstruir lo que el viento se llevó en un instante comenzó al día siguiente con escobas palas y la unidad de los vecinos para muchas familias.

Porque en Atánquez la unión de gente acostumbrada a superar adversidades se manifiesta con fuerza luego de la tormenta.